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Los dientes: tanto azahares como armas

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Publicado de en Odontología y literatura · 19 Mayo 2010
Los seres humanos poseemos dos denticiones. Una temporaria que  se va formando desde la lactancia y nos acompaña en la primera infancia,  y otra definitiva que paulatinamente va reemplazando a la anterior y que está destinada a acompañarnos en la vida adulta. Existen entre ambas algunas similitudes y  diferencias, entre éstas el tamaño de las piezas, la forma, la cantidad, la disposición, etc. Desde el punto de vista científico, tanto unas  como otras han sido descriptas pormenorizadamente y con rigor. Sin embargo, en los versos que citaré  a continuación, Miguel Hernández, poeta español, logra recorrer desde su simple pero exquisita sensibilidad humana, las semejanzas y diferencias entre ambas, de un modo maravilloso, comprensible y apreciable por cualquier persona. Los versos que refiero forman parte de un poema que estremece llamado “Nanas de la Cebolla” y  fueron escritos por Hernández para su hijo lactante,  de ocho meses, en medio del hambre, la muerte y la guerra civil.  Dicen:
 
 
Al octavo mes ríes
con cinco azahares.
Con cinco diminutas
ferocidades.
Con cinco dientes
como cinco jazmines
adolescentes.

Frontera de los besos
serán mañana,
cuando en la dentadura
sientas un arma.
Sientas un fuego
correr dientes abajo
buscando el centro.
 
 
En los primeros versos el autor describe la dentición temporaria. Adjudica cierta ferocidad a los dientes que estrena la boca de su hijo y luego los empequeñece y ablanda hasta hacerlos flor de jazmín (No hace falta más para quien está siendo amamantado). Quizás de un modo más simple pero no menos metafórico, cotidianamente hagamos lo mismo al llamarlos “dientes de leche”. Hoy se cree que esta denominación hace alusión al momento en que comienzan a hacer erupción en nuestra boca,  cuando aún somos lactantes.
 
Más adelante, en la segunda estrofa, Hernández habla ya de la dentición definitiva y hace evidente el contraste. Aquí los dientes se parecen más a un arma que a un jazmín. La inocencia se esfuma, la ferocidad se agranda y los dientes adquieren cierta connotación ligada a lo sexual y, de ese modo también, a la perpetuación de la vida.
 
Desde que nacemos la boca y los dientes son sinónimo de vínculo  y sustento. Es a través de la boca y durante el acto de amamantamiento que  madre e hijo comienzan a forjar esa relación que será la que primero se establezca con el mundo exterior y que tendrá que ver con el sostén nutricio y afectivo por mucho tiempo. Con la aparición de los primeros dientes temporarios, en muchos casos, el amamantamiento se ve interrumpido. Luego, vienen más dientes, cambian algo los vínculos, se establecen  otros nuevos y  diferentes,  comienza la vida social  y poco a poco, como dice Hernández,  llega la dentición definitiva aportando sus propias características, apta para acompañarnos el resto de la vida. Mucho cambia. Sin embargo,  algo permanece invariable, la boca  como canal alimenticio y vincular siempre.

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